Maricones a «gorda».

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CONFIRMADO

EL DIA DEL ORGULLO PONTENPOMPA TODO UN EXITO

MILES DE PARTICIPANTES ENTRARON EN LA HORMA


¿Qué es la ideología de género?

Se ha dicho mucho sobre esto, pero para no volver a repetir definiciones, vamos a ir un poco más profundo. La teoría del género niega de entrada que haya una “persona humana” definida como algo esencial y estático, que no cambia en lo más profundo de su ser. Según esta teoría, la categoría de persona ha sido impuesta históricamente por un patriarcado heterosexual y ha imposibilitado a que cada uno se construya como le plazca, especialmente con respecto a la propia sexualidad e identidad “personal”. Esto a dado lugar a distintas opresiones históricas. Por eso plantea la noción de género como más apta para la realidad de cada uno, ya que nos permite ir autoconstruyéndonos de acuerdo con la propia auto percepción y más allá, o en total negación, de lo que la biología nos impone. Esto último marca la propuesta netamente ideológica, ya que se niega rotundamente que la biología y la constitución genética tengan alguna influencia en el ser humano y todo lo atribuyen a una imposición cultural y social de la cual nos tenemos que liberar. Es por eso que se alientan las “disidencias sexuales”, es decir, comportamientos sexuales anormales, los cuales demostrarían que no hay una normalidad, sino que todo es construcción. En lugar de la propia identidad personal, se proclama la propia identidad de género y la identidad sexual, de ahí el acrónimo LGBTQI+. Pero esto acarrea una gran contradicción, ya que las posibilidades de “identificación” son infinitas, no hay ningún criterio que establezca límites, y muchas veces en realidad estamos ante un trastorno de identidad (como la mujer que se identifica como caballo) o ante un abuso de la teoría de género (como el hombre salteño que se identificó como mujer para jubilarse más temprano).

¿Quiénes son sus mentores y que grupos la financian?

La primera vez que se utiliza el término “género” como una realidad distinta al sexo biológico es en un artículo publicado en 1955 por el profesor de psiquiatría John Money, de la universidad Johns Hopkins.[1] Este doctor se autoproclamaba el “misionero del sexo”, y era un activista de la pedofilia y pedófilo confeso. Money postulaba que la identidad de género es fluida, es decir, intercambiable y que podía reconstruirse por medio de intervenciones quirúrgicas (en el caso de los transexuales). Para él, hacer que un niño se identifique con un determinado género solo requería la construcción de genitales típicos de un determinado sexo y la creación de un ambiente apropiado para que el niño se identifique con ese género, por ejemplo, si se decidía que fuera niña, rodeándolo de muñecas y poniéndole vestiditos y eso bastaba para que el niño sea niña. El feminismo radical toma esta idea y la comienza a desarrollar en el ambiente de las llamadas facultades del estudio de la mujer y el género, lo que da origen a la teoría del género. ¿Por qué es netamente ideológica la teoría, sin ninguna consideración científica, biológica, genética, psicológica del ser humano?

Porque en los años 70’, el feminismo radical puso mucha presión política a las universidades en USA y Canadá debido a que no habían muchas mujeres enseñando y, para balancear la situación, se crearon de la noche a la mañana las facultades de la mujer y el género, para que así hayan más mujeres enseñando. El problema principal fue que nadie sabía a ciencia cierta qué se debía estudiar ahí, además de que feministas radicales tomaron los puestos, las cuales provenían de facultades de inglés, es decir, sin ningún tipo de formación científica. Y es así que se comenzó a desarrollar de modo ideológico y pseudocientífico la llamada “teoría del género”, especialmente por el trabajo de Betty Friedan, Judith Butler, Catharine MacKinnon, etc., influenciadas por el pensamiento de Simone de Beauvoir y la teoría marxista, ahora aplicada a la opresión de la mujer y de las distintas disidencias sexuales.

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La ideología de género es apoyada y promovida mundialmente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y otros. También se cuentan entre sus más fervientes contribuyentes las fundaciones Open Society Foundation (de George Soros), McNamara, Rockefeller y la Clinton Foundation y empresas como Google, Mastercard, McKinsey & Co., Virgin, IBM y Linkedln, las cuales presionan a gobiernos a instaurar políticas LGBT. Además, temas relacionados a la ideología de género han estado en el centro de recientes declaraciones emitidas por el G7 en Canadá y el G20 en Argentina, ambos en el 2018.

¿Cómo es la situación de Canadá respeto de este tema?

Canadá está padeciendo lo que se podría llamar una dictadura del género. La Ley 89 (2017) de Ontario le permite al gobierno sacar a los niños de su hogar si sus padres se oponen a la ideología de género. Según esta ley, la orientación sexual y la identidad de género son causal para que los padres pierdan la patria potestad. Esta ley también establece que las agencias gubernamentales prohíban a parejas con convicciones contrarias a los “derechos LGBT” el adoptar niños. En las escuelas, la Ley 13 (2012) obligó a las escuelas públicas a tener “alianzas homosexuales” (=grupos gay) subvencionados por la misma escuela, incluso si son de alguna denominación religiosa. La Ley 77 (2015) prohibió toda forma de terapia para menores que luchan con la disforia de género u otros aspectos de su sexualidad, lo que ocasionó una reacción negativa de numerosos psiquiatras y psicólogos de gran renombre debido a que la ley obligaba dejar de tratar a personas que padecían serios trastornos. La Ley 28 (2016) eliminó los términos “madre” y “padre”, y permite “acuerdos previos a la concepción” para que cuatro personas no relacionadas y no casadas se conviertan en padres “simultáneos” de una creatura. La Ley C-16 (2016) enmendó el Código Penal y el Acta de Derechos Humanos de Canadá, incluyendo la “identidad de género”, la “orientación sexual” y la “expresión de género” en la lista de razones prohibitivas de discriminación, por lo que se pena con fuertes multas y cárcel a quien use pronombres que no corresponden con la identidad auto percibida de la persona.

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¿Cómo se manifiesta en la vida cotidiana?

La dictadura del género afecta a algunos más que a otros. En algunos casos significa la pérdida del trabajo, o el tener que echar a trabajadores para poder satisfacer el “cupo”. Para un hombre, especialmente si es de descendencia europea, es mucho más difícil conseguir trabajo y en algunos casos imposible (por ejemplo, para enseñar en un establecimiento público). Por ley al anunciar un puesto trabajo de tiene que decir que se dará prioridad a “minorías históricamente oprimidas”, por lo que si uno no se identifica como parte de la comunidad LGBT le es a veces muy difícil conseguir ciertos trabajos. En el 2015, el Primer Ministro Justin Trudeau dispuso que los miembros del gabinete y ministerios sean la mitad mujeres, más allá de la competencia y experiencia de estas personas. En las escuelas ya a partir de pre jardín los niños son bombardeados con una educación sexual totalmente ideológica, muchas veces impartidas por activistas transexuales. Si los padres se oponen corren el riesgo de que le quiten sus hijos, e incluso si los mismos estudiantes objetan, sus padres puedes ser denunciados de lavado de cerebro. Es por eso que miles de padres en Canadá han sacado a los hijos de las escuelas y les imparten ellos mismos la educación, con el esfuerzo y las dificultades que esto significa.

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OTRO

¿Qué sucede con los que opinan diferente?

Uno se tiene que cuidar todo el tiempo en el ámbito de trabajo, especialmente en las universidades, ya que se ha establecido un sistema legal paralelo, con Cortes de Derechos Humanos, que imponen pesadas multas y cárcel a quienes no suscriban a la imposición ideológica del género y sus pronombres por el “crimen” de no dirigirse a alguien por alguno de los pronombres que esa persona decida (los cuales pueden fluctuar a lo largo del día). En los baños de las universidades hay posters con números telefónicos para denunciar a un profesor si dijo algo que te “hirió”. Los alumnos también se tienen que cuidar. Conozco el caso de una chica que fue suspendida del secundario por no adherir a la agenda ideológica (simplemente llevaba una remera que decía “Pro Vida”) y es famoso el caso de Lindsay Shepherd, quien fue reprimida duramente por presentar un video de un autor contrario a la teoría de género durante una clase (Jordan Peterson) y cuya situación adquirió notoriedad internacional por el totalitarismo ideológico de los administradores de la universidad Wilfried Laurier.

El sistema legal de Canadá se inclina cada vez más a eliminar los derechos de los padres. El miércoles 27 de febrero, la Corte Suprema de British Columbia ordenó que una niña de 14 años recibiera inyecciones de testosterona sin el consentimiento de sus padres, los cuales se habían opuesto debido a los grandes peligros para la salud que conllevan. El tribunal también declaró que, si alguno de sus padres se refería a ella usando pronombres femeninos o se dirigía a ella por su nombre de nacimiento, podrían ser acusados de violencia familiar. Ahora bien, la violencia familiar no solo conlleva el que le quiten a sus hijos, sino también penas de cárcel. Es realmente alarmante.

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¿Piensas que nuestro país corre riesgos de adoptar una doctrina totalitaria?

Argentina está sufriendo un ataque ideológico sin precedentes en nuestra historia. Teorías feministas y del género que habían sido ampliamente desacreditadas y habían perdido presencia en el ámbito académico han resurgido nuevamente con una fuerza inusitada. La situación de la Argentina se está asemejando a la de Canadá, ya que la política se ha metido en el tema y de modo totalitario ya se está imponiendo la ideología de género como doctrina superior a la misma ciencia y realidad. Un ejemplo son los centros de hormonización infantil, lo cual es realmente alarmantes ya que es un abuso al niño y un crimen contra su integridad física y psicológica. También tenemos el caso de la ESI, que en vez de ser una educación respetuosa y científica, se la usa como arma ideológica para promover la ideología de género, el aborto y el libertinaje sexual.

Sabemos que va a estar dando conferencias en Argentina ¿Qué días y dónde?

En Argentina voy a estar desde el 6 de junio al 12 de julio dando conferencias o cursos universitarios en San Isidro, Ramos Mejía, Luján, Mar del Plata, Pinamar, Rosario, San Carlos Centro, Paraná, Jujuy, Salta, Tucumán, San Juan, Mendoza, San Rafael, Neuquén, Bariloche, Caleta Olivia, Comodoro Rivadavia y Trelew. El calendario lo pueden encontrar en mi sitio web http://www.pablomunoziturrieta.com

[1] Money, John. “Hermaphroditism, gender and precocity in hyperadrenocorticism: psychologic findings”, Bulletin of the John Hopkins Hospital, 1955, 95, no. 6, pp. 253-264.

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34 comentarios en “Maricones a «gorda».

  1. A lo largo de la Biblia encontramos topónimos de todo tipo, algunos de los cuales han llegado a obtener un valor simbólico que supera su significación meramente geográfica. Incluso en algún caso se emplean para referirse a una realidad diferente. Así, en nuestro entorno, cuando hablamos de belén solemos pensar en las representaciones más o menos imaginativas del nacimiento de Jesús más que en la aldea física en la que tal acontecimiento tuvo lugar según los evangelios de Mateo y Lucas.

    Otros topónimos han tenido connotaciones menos positivas, siendo posiblemente los de las ciudades de Sodoma y Gomorra los más conocidos. Ambas poblaciones fueron destruidas por un airado Dios según se relata en el libro del Génesis, harto de las depravaciones de sus habitantes. Tal sea menos conocida, sin embargo, la curiosa interpelación de Abrahán, el gran patriarca bíblico, a favor de Sodoma, pues allí vivía su sobrino Lot con su familia.

    Sabemos por el relato del Génesis que Lot no era oriundo del lugar y no participaba de los desmanes de sus vecinos sodomitas. Sin embargo, Abrahán no hace uso de su buena relación con Dios para interceder directamente por su sobrino, sino que pretende disuadir a Dios para evitar la completa destrucción de la ciudad. Su argumento es impecable: explica a Dios que es posible que existan cincuenta hombres justos en Sodoma y que sería impropio de la justicia divina someter a estos cincuenta justos al mismo castigo que a los impíos y depravados. Dios cede ante Abrahán siempre que se acredite que esos cincuenta hombres realmente existen. Al devolverle la pelota al patriarca, se inicia un regateo en el que, sucesivamente, Abrahán va convenciendo a Dios de que debe abstenerse de destruir Sodoma, aunque los justos que ahí vivan sean solo cuarenta y cinco o cuarenta o treinta y, así hasta llegar a diez.

    Al final, parece que la audacia de Abrahán fue superior a la condición moral real de los sodomitas, pues Dios termina destruyendo la ciudad de la que solo escapan, con la ayuda de unos ángeles, Lot, su mujer y sus hijas. No obstante, la interpelación de Abrahán a Dios tiene unos aspectos chocantes que vale la pena destacar.

    Como hemos indicado, Abrahán ni siquiera menciona a Lot al dirigirse a Dios, sino que se erige como defensor de los posibles inocentes de Sodoma, de cuya existencia real ni siquiera puede dar fe. Su actitud es más bien la de quien se rebela ante la decisión de una autoridad que entiende injusta, aunque esta provenga de un dios furioso y ofendido.

    Conviene, en este sentido, llamar la atención acerca del talante paciente del dios veterotestamentario, que accede a dialogar con una criatura mortal como es Abrahán. Es muy fácil hoy fijarse solo en el carácter cruel y vengativo de la acción divina contra Sodoma, incomprensible a los ojos de un europeo del siglo XXI. Esta visión anacrónica y descontextualizada eclipsa lo importante de la situación, que es la de presentar un Dios que atiende al hombre creyente que busca justicia.

    En este caso, Abrahán se rebela ante una situación que, tanto en su tiempo como hoy, era demasiado común: el sufrimiento de inocentes por las acciones de malvados. ¿Acaso no es lo que vemos a diario en tantos sitios de Oriente medio, de África, incluso en nuestra civilizada Europa?

    Abrahán intercede y Dios atiende a su petición. Sin embargo, fijémonos una vez más en la demanda del patriarca. Podríamos pensar que el justo Abrahán sale en defensa de los inocentes, como haría cualquier hombre de bien. Pero no es exactamente así. Él no pide a Dios que saque a los cincuenta inocentes de Sodoma ante la inminente destrucción. Lo que reclama Abrahán es que Dios perdone a los sodomitas si entre ellos existe, al menos, una minoría justa. A sus ojos, unos pocos hombres buenos pueden ser suficientes para justificar un pueblo que, en su conjunto, es malvado y cruel.

    Este planteamiento nos puede resultar muy extraño en una sociedad marcada por el individualismo, en la que cada persona actúa conforme a su decisión personal y responde de sus actos de forma singular. Los hebreos, en cambio, tenían una idea de la justicia de carácter colectivo y a este colectivo se le atribuían los actos de sus miembros. Por ello, no era extraña a esa concepción de la justicia el que los hijos pagasen por los pecados de los padres, un hecho que a nosotros nos parece tremendamente injusto.

    Lo que no quiere decir que, pese a ello, algo parecido a esto no ocurra hoy. ¿Alguien duda, acaso, de que las futuras generaciones pagarán por nuestros pecados medioambientales? ¿No serán nuestros hijos y nietos los que deban asumir las consecuencias de la actual falta de una regulación legal y de una visión moral crítica en relación con los avances biotecnológicos que ponen en cuestión nuestra idea de ser humano y su dignidad?

    Pero no hace falta irse al futuro. Hoy mismo vivimos en una época en la que la juventud no goza de las mismas esperanzas y expectativas que teníamos sus padres. Las dificultades de encontrar un trabajo estable o de poder adquirir una vivienda han mermado de forma considerable. La posibilidad de que un joven de clase baja pueda lograr un estatus social superior al de sus padres también se ha reducido respecto a la anterior generación. Cada uno de nosotros puede realizar su examen de conciencia y, tal vez, la gran mayoría llegue a la conclusión de que vive y se relaciona con su entorno de forma justa, sin perjudicar a los demás, cumpliendo las leyes y pagando sus impuestos. Pero lo cierto es que, entre todos y aun inconscientemente, estamos construyendo una sociedad más injusta.

    Sin embargo, la lección de Abrahán no puede quedarse en esa vertiente negativa. Ciertamente Dios destruyó Sodoma al no encontrar un solo justo allí, salvo la familia foránea de Lot. Pero de haber habido, entre los sodomitas, un puñado de hombres justos, Dios habría perdonado a toda la ciudad.

    En nuestra sociedad, en la que tendemos a valorar a las personas por su poder adquisitivo, su imagen o su posición social, cometemos el error de infravalorar la acción de los hombres justos. Y, por tales, no me refiero a los que vivimos cómodamente en nuestras casas y pagamos puntualmente los impuestos y las cuotas de la hipoteca. Me refiero a aquellos que trabajan directamente por transformar la sociedad y hacerlo desde abajo. No se trata de cuestionar el sistema y promover un cambio radical, sino de transformar las vidas de aquellos que se encuentran en la periferia de ese sistema y ofrecerles una esperanza y una oportunidad.

    El mérito de estos hombres justos es que su labor carece de recompensa socialmente reconocible. Su vida no mejorará con su labor y, aunque ayuden a otros, posiblemente su esfuerzo sea estadísticamente insignificante, y lo saben. O al menos será así hasta que los demás nos demos cuenta de que su testimonio puede salvarnos a nosotros de la quema y la destrucción. Podemos confiar en que siempre habrá un Abrahán que interceda por nosotros, pero lo prudente es asegurarnos de que exista un porcentaje mínimo de hombres justos que haga que merezca la pena salvarnos a todos. El riesgo de acabar como Sodoma, destruyendo nuestra propia forma de vida, está ahí. Y la única forma realista de evitar de que ello ocurra es, seguramente, levantarnos de una vez del sofá.

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