La revolución púrpura

LA REVOLUCIÓN PÚRPURA DE GEORGE SOROS CONTRA TRUMP Y LA COBARDÍA DE UNA IZQUIERDA QUE NO EXISTE

En política uno no deja de sorprenderse. Jamás pensé que un presidente de los EE.UU. fuera a ser objeto de una “revolución de color” incluso antes de tomar posesión del cargo. El presidente del país que las creó y que las exporta desde hace décadas está en el punto de mira del Pentágono, la CIA y Wall Street. Más paradójico todavía resulta que dicho presidente sea un multimillonario que forma parte del ultraderechista Partido Republicano. El “golpe suave” contra Donald Trump apenas se está gestando y sus efectos, por ahora, sólo se declaran a través de la enorme propaganda mediática desplegada y las múltiples manifestaciones en su contra organizadas por los activistas a sueldo de George Soros. Más tarde llegará la guerra económica y el bloqueo institucional y el aislamiento internacional. Todo esto, claro está, si finalmente Trump no traiciona su palabra, no cede ante las amenazas y cumple sus promesas electorales, principalmente en materia económica y geopolítica. Esto es mucho decir; sólo el tiempo lo dirá.
Lo que ha quedado meridianamente claro es que en EE.UU. y en Europa la “democracia” no existe, salvo como señuelo propagandístico para que los ciudadanos acepten el sistema creyendo que son ellos quienes deciden qué políticas se aplican. Tampoco permiten que se desarrolle en aquellos países no alineados que no aceptan sus imposiciones, como en el caso de Venezuela por ejemplo. La voluntad popular sólo se respeta si los ciudadanos votan “lo correcto”. Ningún líder o movimiento popular que desafíe al poder económico y político establecido tiene posibilidades de ganar unas elecciones (ya sea por culpa de las leyes electorales, por falta de recursos económicos, por falta de apoyo mediático, por ser blanco de los ataques del aparato represor del Estado, etc.). Y si a pesar de todas estas dificultades, ésta regla no escrita fracasa, entonces se recurre posteriormente al golpe suave y a la guerra no convencional para derrocar al gobierno elegido en las urnas. La voluntad del mercado prevalece sobre la voluntad del pueblo. No importa cuánta sangre inocente se derrame.
Las élites políticas, económicas y mediáticas norteamericanas (occidentales en general) pretenden imponer un “cambio de régimen” en Washington, de apariencia democrática, claro. El magnate globalista George Soros ha dado los primeros pasos movilizando a las ONGs que financia por todo el mundo, como MoveOn.org o Black Lives Matter [1] que estos días se movilizan contra Trump en más de 200 ciudades de EE.UU junto a otros muchos “manifestantes profesionales” [2] bien pagados en dólares. El analista y periodista Wayne Madsen lo define como la “revolución púrpura de Soros y los Clinton” en uno de sus recientes artículos [3]. Incluso durante la campaña electoral George Soros invirtió millones de dólares en contra de Donald Trump tratando de captar el voto de los latinos y demás colectivos de inmigrantes indecisos. Quien tiene dinero en EE.UU. tiene la capacidad de “dirigir” la voluntad popular. Aunque en esta ocasión ni el dinero ni la propaganda mediática alcanzaron su objetivo.
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